AMORES ONLINE, VERDAD FICCION¿?
07/10/2008
06:11
Por moritab
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Parejas que se forman por mail, romances de computadora, chateo chancho, levante virtual que termina sobre colchones hiperreales y discusiones, peleas y hasta rupturas y divorcios electrónicos. Y también, la compu y el celular, como territorio de pasiones: traiciones, celos, triángulos y bacanales tendidas en bytes.
La mayoría de los vínculos tienden a convertir lo virtual en real. Lo virtual, como medio para llegar a concretar. Pero ya hay muchos que no. Que se frenan en el byte, se profundizan y consolidan en él. Esto no suena nada extraño en el caso de las amistades virtuales o en intercambios sobre intereses en común: música, juegos, literatura o información, digamos. Suena, convengamos, bastante más rarito, en las relaciones sentimentales.
Se trata de parejas pura y enteramente virtuales. Que desarrollan lazos afectivos mediante ese tipo de comunicación y no sólo no pretenden pasar a otro estado sino que tampoco consideran a esas relaciones como una infidelidad a la pareja real, ya que se desarrollan en un terreno electrónico que no puede competir con el "verdadero". Tengo un amigo, casado, que cultiva un vínculo de este tipo. Le parece importante en su vida, le hace regalos electrónicos a su "novia" y está empezando a experimentar algún tipo de mimo virtual. Y va por más.
omentarios
El problema a conceptuar no es el romance virtual, como estrategia de supervivencia de personas frustradas en su pareja copulativa o en que viven en soledad. Ni tampoco son destacables sus consecuencias éticas, la obscenidad o el morbo que a tantos hombres frívolos entusiasma. En última instancia, la relación virtual en nada difiere de la vida real y concreta. Cambian los envases pero no las aburridas historias que generan.
Hay dos asuntos que deben ahondarse en este complejo tema:
Primero:
El comportamiento patológico de algunas personas que no comprenden la diferencia entre medios y fines, y con conductas psicóticas perversas, onanistas, narcisistas e incurables. Se acercan al Otro desde un lugar redomado arrogándose facultades amatorias para terminar convirtiéndose en acosadores morales.
Existe una incipiente obra académica , a partir de la observación de universidades experimentales – de las que reniego por sus métodos antiéticos de espionaje orwelliano- sobre relaciones personales.
Hay un un interesante libro, accesible en librerías argentinas de la psiquiatra francesa Marie France Irigoyen, al respecto.
“Existe la posibilidad de destruir a alguien sólo con palabras, miradas, mentiras, humillaciones o insinuaciones, un proceso de maltrato psicológico en el que un individuo puede conseguir hacer pedazos a otro. Es a lo que denomina violencia perversa o acoso moral.
El acoso moral propiamente dicho se desarrolla en dos fases: la primera es la fase de seducción perversa por parte del agresor, que tiene la finalidad de desestabilizar a la víctima, de conseguir que pierda progresivamente la confianza en sí misma y en los demás; y la otra, es la fase de violencia manifiesta.
El primer acto del depredador siempre consiste en paralizar a su víctima para que no se pueda defender. Pretende mantener al otro en una relación de dependencia o incluso de propiedad para demostrarse a sí mismo su omnipotencia. La víctima, inmensa en la duda y en la culpabilidad, no es capaz de reaccionar.
Todos estos son una serie de comportamientos deliberados del agresor destinados a desencadenar la ansiedad de la víctima, lo que provoca en ella una actitud defensiva, que, a su vez, genera nuevas agresiones.”
Desde la cátedra de investigadores ajenos a la problemática proviene la frase identificatoria: "Siempre nos quedará Paris", como un guiño a Casablanca.
La asignatura pendiente es si cabe aguardar esperanzas para Rick Blaine e Ilsa Lazlo. Una liberación de los opresores del sistema sin violencias ni horrores de la guerra.
Segundo: Hay que considerar la enfermedad sistémica del entorno que encubre con secretos, aplaude, copia, se ríe y divierte y enriquece con la perversión. Ocurre que estas personalidades carentes de límites, y generalmente con altos grados de poder de mando, dejan a su paso una horda de víctimas.
Cuando planteé los sucesos que me tocó padecer como “monita” predilecta de una banda de los mezquinos entramados de Joaquín Sabina, con Sony B.M.G., Endemol Argentina y sus redes internaciones y algunas productoras independientes locales pero masivas de televisión, sorprendió tanto la novedad de la denuncia “acoso moral virtual” que fui considerada poco menos que una indeseable. Se me acusó de xenófoba, loca, ridícula, delirante, maníaca, atacándome desde el aspecto intelectual, físico y psíquico sin escrupulosidad. Hubo personas de alto nivel intelectual, sociólogos y encuestadores, jueces (hasta en la Corte), fiscales, que se dejaron tentar frente al simplismo de sus ideas esteriotipadas de libros y ciencias que venían de culturas fornáneas, que ejercen la penetración intelectual y el embrutecimiento como objetivo para lograr así el “homo consumidor”
La tesis de Daniel Miller sostiene que el papel que en otras épocas cumplió el proletariado como vanguardia de la transformación social e histórica, pasa ahora a manos de la clase consumidora. Somos los consumidores actuales los que tenemos la capacidad de hacer una revolución. Pero no es fácil.
En ese esquema, la entrega de nuestros recursos materiales, económicos y eduacionales no le va en zaga. Forma parte del proyecto que alientan para beneficio de unos pocos elegidos.
Las consecuencias sociales y políticas de la revelación pública habrían sido nefastas al gobierno oficialista. Por esto fui expresamente prohibida en medios masivos (el silencio fue canjeado con prebendas económicas ofrecidas por el Ministro Aníbal Fernández, tal como denunció Julio Bárbaro ante la prensa) y la peligrosidad y extremada solvencia monetaria de los integrantes de los clanes denunciados impidió que periodistas y colegas abogados se animaran a intentar cualquier delación o litigio al respecto.
A los hombres los educan desde pequeños en el valor de guardar secretos. Pactos de complicidad. No traicionar al compañero que comete un acto impropio o aún peor, un delito. Se les enseña a defraudar así a la comunidad a la cual deben respeto. No existen leyes que protejan a las personas víctimas de acoso moral, ni en casos reales. Aspirar a protección ante casos de abuso tecnológico amparado por miembros de los Servicios Secretos, será por el momento impensable.
Habrá que esperar dos lustros para que esta realidad de manipulación que ejercen los países del Norte llegue a la comprensión cabal de la masa de espectadores.
Por eso me constituí ( para quienes no se enteraron en Comandante General del Mundo y Papisa de la Iglesia Luciangélica).
Al fin y al cabo, como dice aquel proverbio irlandés: “A scholars ink lasts longer than a martyrs blood."
La tinta de los estudiosos perdura más que la sangre de los mártires
Parejas que se forman por mail, romances de computadora, chateo chancho, levante virtual que termina sobre colchones hiperreales y discusiones, peleas y hasta rupturas y divorcios electrónicos. Y también, la compu y el celular, como territorio de pasiones: traiciones, celos, triángulos y bacanales tendidas en bytes.
La mayoría de los vínculos tienden a convertir lo virtual en real. Lo virtual, como medio para llegar a concretar. Pero ya hay muchos que no. Que se frenan en el byte, se profundizan y consolidan en él. Esto no suena nada extraño en el caso de las amistades virtuales o en intercambios sobre intereses en común: música, juegos, literatura o información, digamos. Suena, convengamos, bastante más rarito, en las relaciones sentimentales.
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